OTAKU

Es una fría mañana de invierno, pequeños copos de nieve descienden con gentileza desde las nubes, Kazuo Takahashi de quince años de edad monta su bicicleta por entre las caudalosas calles y avenidas de Tokio esquivando a miles de transeúntes ajenos a su paso y perdiendo sus ojos en los bordados de las faldas colegiales; en su mente se despliegan un millón de pantishots imaginarios ya que en realidad no es lo que llamaríamos un joven experimentado, un suspiro acompaña el entrecerrar de sus ojos ante la impotencia de no poder conseguir lo que quiere.

¿Pero que es en realidad lo que quiere Kazuo Takahashi? ¿Acaso lo sabrá el mismo? ¿Acaso podremos descifrarlo nosotros antes de que este relato termine?

Kazuo para frente a una luz roja, esta preocupado, va tarde para la escuela, su mano derecha se aventura a sacar su celular, del mismo cuelgan una serie de llaveros, son Gundams en miniatura, el Wing Zero, el 00, el Unicorn, el Strike Freedom y el Turn A; guerreros del pasado futuro y del futuro pasado; los colores, las formas, los robóticos ojos carentes de emoción poseedores de un fulgor deslumbrante que da vida a los sueños. Kazuo abre su celular, un wallpaper de Gundam Wing ilumina su rostro. –Son las 7:00 am será mejor que active el Trans-am –dice Kazuo con una sonrisa y unos ojos que solo expresan determinación, ya esta en trance, es un piloto Gundam, solo el lo sabe y solo en su mente es esto cierto.

Otaku art 1 FF

La luz cambia a verde, Kazuo percibe todo en cámara lenta, pedalea a toda velocidad mientras los coches y autobuses se transforman en Mobile Suits, su misión es llegar a la base de operaciones enemigas, en otras palabras, llegar a su escuela; los manubrios transmutan en los clásicos controles Gundam que como los controles de PlayStation o el gran tiburón blanco no han tenido la necesidad de evolucionar a lo largo de las eras, ya son perfectos. Kazuo toma un Atajo a través de una colonia espacial, en ella son mucho mas estrechos todos lo espacios como si se tratara de una red de callejuelas y callejones y es que eso son, las entrañas de Tokio se abren ante sus ojos cegados por un espacio sideral en batalla, los botes de basura ahora son minas espaciales, el mas mínimo contacto por leve que sea podría activarlas y destruirlo, pero a diferencia de Kazuo el estudiante marginado, Kazuo el piloto Gundam es un hombre bastante experimentado teñido por la sangre de más de mil batallas, esquiva las minas con increíble agilidad, solo con verlo nos hace sentir lo fácil que seria hacer eso.

el radar indica que el objetivo esta cerca; una descomunal nave enemiga deja ver sus potentes cañones sobre el horizonte, la nave en su monstruosa totalidad es ahora visible, los cañones se mueven apuntando en su dirección, inician la retroalimentación de fotones para con un solo disparo eliminarlo a él y a su Gundam, pero Kazuo el piloto Gundam, no renuncia, no se rinde y mucho menos va a perder la batalla sin llevarse a su enemigo con él; sus ojos lo dicen todo, la autodetonación es la única salida. El Gundam sale disparado, su velocidad se ha triplicado, Kazuo ha bajado los escudos defensivos para lograr una mayor velocidad, es un viaje de ida solamente así que no importara consumir el horno solar de su Gundam, el detonador esta en su mano, un pequeño dispositivo alargado con una pequeña tapa y un diminuto botón.

La nave enemiga dispara haciéndonos creer que todo está perdido, Kazuo se desvía para eludir el disparo. –Con los escudos abajo, ¡no! Con los escudos activados seria la misma catástrofe      –medita Kazuo en sus últimos segundos de vida. El haz de luz generado por los cañones enemigos consume todo a su paso, Kazuo Takahashi piloto Gundam sacrifica el brazo y la pierna derechos de su Gundam para salvarse, al estallar dichas extremidades aun unidas al resto del cuerpo de Gundamio han producido fuerza suficiente como para alejarlo del rango total del ataque enemigo, en la cabina de mandos es todo un caos, entre humo y pequeñas explosiones, Kazuo con el visor de su casco roto y con sangre sobre su rostro grita con todo su ser –¡esto aún no termina!–.

Los ojos del Gundam arden con una luz fulminante y sus turbinas estallan, es tanta la velocidad y la potencia que el mismo Gundam empieza a deshacerse pieza por pieza; en la nave enemiga todos corren por sus vidas a las capsulas de escape, no hay tiempo suficiente para cargar el cañón de fotones para un contraataque.

Diez mil metros.

Ocho mil metros.

Cinco mil metros .

–papa, mama, amigos, los extrañare dice Kazuo levantando la tapa protectora del autodetonador–.

Tres mil metros.

Mil metros.

Otaku art 2

–No hay forma más gloriosa que esta para morir –dice Kazuo a la vez que sonríe y presiona el botón de la autodetonación; todos es luz, todo es blanco no se puede ver nada, pero esperen una figura veloz envuelta en una capa de denso humo emerge de la luz para estrellarse contra la reja de la escuela.

Kazuo tirado sobre su bicicleta al lado de la portería de la escuela se sacude de dolor, con su mirada absorta en el cielo sonríe y dice para sus adentros, eso es lo que quiero.

Absorto en la cotidianidad de la escuela, de las clases, de las tareas, este no es el típico y disciplinado chico japonés, es un Otaku y no es una Otaku cualquiera, este tiene un área de experiencia muy especifica es una Otaku Gundam. Todos sus cuadernos están repletos de garabatos y de personajes de las muchas versiones que ha tenido dicha franquicia, ese es su escape a la continua y aburrida realidad, lo que Kazuo no sabe es que algunas veces la vida le presenta cierto tipo de peculiares oportunidades a cierto tipo de personas especiales, todo depende de lo que elijas.

La campana que anuncia el final de la jornada académica resuena en toda la escuela, todos los alumnos corren a sus casas. Kazuo camina a paso lento, sin energías, desmotivado, con el celular en la mano lee un mensaje de texto, es de parte de su padre, en el le dice que no llegara para la cena – ¡típico! –Dice Kazuo arrojando su celular contra el suelo, al verlo estallar en mil pedazos recuerda un lugar que siempre lo ha animado sin importar lo deprimido o frustrado que se sintiese; la nieve cae de nuevo mientras Kazuo corre como si su mera existencia dependiera de ello.

Las puertas de un lujoso ascensor se abren ante nosotros dejando que un viento helado pegue contra el rostro de Kazuo, solo se ven la noche y las estrellas a través de los muros de cristal. Con increíble cuidado este soñador saca algo de su maleta, lo trata como si de un bebe se tratara ¿cual podrá ser su tesoro?

Al agitarlo contra el viento una épica capa de cuello alto se devela ante Kazuo y con gran propiedad este se la pone, el ascensor ha llegado a su destino, la puertas se abren y el joven de la negra capa camina hasta una cornisa, el lugar en el que se encuentra parece y se siente alto; el viento y la nieve se agitan en lo alto del cielo, ondeando en la nada la capa de Sendou se eleva por las corrientes, mientras que su mano se sujeta de una viga metálica para dar un paso al vacío latente desde lo alto de la torre de Tokio. La mera visión es en sí una leyenda.

–Que mejor para olvidarte de todos tus problemas que pararse en lo más alto de la torre de Tokio con una capa y dejar que el viento se lleve todo lo malo, toda la realidad, todo lo aburrido –dice Kazuo en vos alta como si hablara consigo mismo.

El cielo esta nublado y tranquilo, los vientos han cesado y la nieve cae continua y rutinariamente –tiempo de volver a la realidad –dice Sendou dándose la vuelta y encaminándose al ascensor, de repente una serie de potentes luces penetran las nubes desde arriba, Kazuo voltea y no puede creer lo que escucha y lo que ve, son explosiones, potentes explosiones provenientes de mas arriba de las nubes, las explosiones se abren paso entre las nubes y con ellas hace su entrada un Gundam completamente negro de ojos rojos, Kazuo aún se resiste a creer lo que está viendo –¿estaré alucinando?– Se pregunta un millón de veces con una voz que ya hace eco dentro de su cabeza; sus ojos no parpadean están conectados hasta el mas mínimo movimiento del relámpago negro que cruza los cielos, las lagrimas brotan desde su ojos –¡esto es genial! –Grita Kazuo.

Al encuentro del Gundam oscuro aparecen tres Mobile Suits de modelos diferentes, todos con poderosos cañones en vez de manos y con largas capas negras con un metálico brillo. Los guerreros hacen una pausa ceremonial antes de dar inicio al combate, las turbinas de los cuatro contendientes se activan y todo pasa muy rápido para el ojo humano común, pero para el entrenado ojo de un Otaku Gundam no hay nada oculto; en medio del vuelo el Gundam negro desenvaina su sable laser y al estar sus tres enemigos dentro de su rango este ataca con un solo movimiento y sus tres rivales caen ahora a pieza por pieza sobre la ciudad de Tokio causando explosiones y caos a su paso, el Gundam negro reposa estáticamente con su guardia baja hasta que de su hombro derecho brota un inesperado relampagueo, una explosión interna lo sigue. Kazuo no entiende lo que esta pasando, pero no puede dejar de mirar, después de todo que probabilidades hay en la vida de presenciar algo así. El vuelo del Gundam es inestable, la cabeza del oscuro guerrero gira en su dirección y Kazuo casi puede sentir como los ojos del Gundam se posan en él, poniéndole nervioso y ansioso, Kazuo traga saliva y da un paso atrás diciendo – ¡No! No me iré, no pienso arrepentirme en el final de mis días por no haber tenido las agallas de quedarme y ser testigo de esto –la voz de Kazuo es decidida y carece totalmente de miedo.

El Gundam esta ya casi sobre la torre de Tokio y Kazuo lo mira desde abajo con devoción, la totalidad del cielo nipón se despeja en un parpadeo al tiempo que un poderoso rayo de energía le da al Gundam negro por la espalda, los escudos defensivos logran evitar la catástrofe aunque la fuerza del impacto empuja al Gundam ahora fuera de control contra la torre.

Otaku art 3

Kazuo siente como si cayera de su cama, pero no es así precisamente, Kazuo está en caída libre, pronto no será mas que una mancha en el pavimento, pero algo detiene su caída y por el dolor en el cuerpo de Kazuo no debe de ser algo liviano y esponjoso; sobre la mano del Gundam negro, este abre los ojos y se percata de su actual situación al tiempo que es el primero en ver la enorme nave de batalla que opaca el cielo de Tokio –con que eso fue lo que le disparo; valla que es grande –piensa Kazuo anonadado.

El Gundam desciende hasta una pequeña plataforma en medio de la legendaria torre y del pecho mecánico del Mobile Suit sale un gas, expulsado a medida que la puerta de la cabina se abre en medio de una nube de humo y de chispas que saltan por doquier; el piloto emerge, un joven de la misma edad de Kazuo con cabello largo negro y ojos purpura cual Targarien intergaláctico sale a trompicones, esta malherido y desorientado, cae de rodillas y grita entre sangrientos balbuceos:

– ¡terrícola! ¿Deseas salvar tu mundo?–.

Kazuo está paralizado, no sabe que decir, no sabe que hacer, no sabe que pensar.

El joven piloto se retuerce y tose escupiendo sangre sobre la compuerta de la cabina             – ¡responde, responde ya! No hay tiempo para titubeos–.

Esta es mi oportunidad piensa Kazuo –ahora no importo yo, no importa la gente, no importan mis amigos, no importa mi familia, es mi oportunidad de atreverme a ser grande y darle forma a mis sueños–.

– ¡SI! –Responde Kazuo sin miedo.

El piloto se quita su equipo de batalla y se lo entrega a Sendou. –El visor y los guanteletes son para… –se para que son, no te preocupes –dice un calmado Kazuo que se sitúa ya en el asiento de mandos – ¿no vienes? –Pregunta el nuevo piloto –me temo que hasta aquí llego, no me queda mucho tiempo –contesta el antiguo piloto del Gundam negro.

–¿Cuál es tu nombre terrícola? –Kazuo Takahashi, quince años, estudiante de segundaria ¿y el tuyo? –pregunta Kazuo. –Yaktar Draenis, quince años, líder del escuadrón gamma de la rebelión; suerte terri…Kazuo Takahashi de la tierra, mis plegarias estarán contigo, espero no verte pronto–.

La cabina se cierra mientras sus miradas permanecen absortas en los ojos de cada uno, al cerrarse por completo la cabina todo es oscuridad; unas cuantas luces se encienden parpadeando débilmente hasta que el Gundam se activa por completo. Kazuo prueba los controles y son tal cual se los había imaginado ya un millón de veces en su cuarto jugando con sus modelos; El Gundam negro pone su guardia en alto, la hoja de su sable laser se expande tempestuosamente. Todos los niveles al máximo anuncia la computadora interna del Gundam a lo que Kazuo responde cortadamente –perfecto–.

Un relámpago de oscuridad llega a la imponente nave nodriza y las explosiones se dejan venir, la velocidad del Gundam se sale de las graficas, sus ataques son perfectos y estratégicamente coordinados, ninguna maniobra por parte de Kazuo es innecesaria; los enemigos no tienen nada que hacer. la batalla acaba en pocos segundos, los motores de la inmensa fortaleza galáctica empiezan a fallar y por lo tanto Tokio se encuentra con el pronostico climático de una tempestad de toneladas de metal alienígeno; Kazuo busca rápidamente en la computadora, algo que sabe con seguridad esta ahí y que salvara la ciudad –¡lo sabía!– Dice confiado Kazuo al tiempo que las palabras cañón de plasma aparecen en la pantalla auxiliar de la cabina; el Gundam se dispara en picada desactivando su sable laser, desciende sobre el centro de Tokio y con su llegada todos los nipones corren aún más aterrorizados. Kazuo apunta tranquilamente al centro de la nave enemiga –ahí es donde debe de estar su generador de fotones– dice Kazuo para sí mismo mientras los brazos del Gundam se extienden hacia arriba al tiempo que se trasforman y fusionan para así formar un imponente y estilizado cañón de plasma, la carga de la energía requerida para el disparo da inicio.

20%

50%

Kazuo no parpadea dentro de la cabina, el sudor frio recorre su frente y su nuca.

70%

90%

–llego la hora de la verdad –dice Kazuo con una grata sonrisa en su rostro.

100%

Kazuo jala el gatillo y siente como la fuerza del disparo incrementa la gravedad a su alrededor, se siente por lo menos cincuenta veces más pesado, una de sus costilla cede ante la presión haciéndolo escupir sangre; el disparo da en el blanco y las explosiones hacen su aparición pero aun no es suficiente, Kazuo debe de prolongar el tiempo del disparo. El pavimento sobre el que esta el Gundam comienza a romperse formando un cráter enorme por la fuerza del disparo y la resistencia de la nave enemiga, algunos instrumentos dentro de la cabina estallan, Kazuo sabe que tiene que hacer, pero no sabe cómo activarlo –computadora activar comandos de voz – comandos de voz activados –gracias computadora–.

Otaku art 4

– ¡Trans-am! –grita Kazuo con toda la fuerza que sus pulmones le permiten; el Gundam negro empieza a desprender un rojo fulgor metálico y el rayo de plasma se expande de manera colosal traspasando por fin la nave enemiga, la explosión es tan poderosa que todo se consume en el cielo; incluso parte de algunos rascacielos de la imponente metrópoli asiática desaparecen sin dejar rastro. El cielo se despeja, la luz del sol ilumina un maltrecho Gundam negro en medio de la ciudad de Tokio, varios transeúntes se acercan al inmóvil y petrificado robot, de repente este se mueve y los ciudadanos asustados dan dos pasos atrás, pero no corren, saben que este ser mecánico les ha salvado la vida, lastimosamente nunca sabrán quien está al mando del golem de su salvación. El Gundam despega estrepitosamente y se pierde en la estratosfera mientras que un comerciante local grita dándole las gracias a su oscuro salvador.

Kazuo ve como la tierra queda atrás, ese ya no es su hogar, nunca lo fue.

–Computadora llévame a casa –coordenadas compiladas para el vuelo híper espacial en:

5.

4.

3.

Nunca más nadie supo de

2.

1.

Kazuo Takahashi, quince años, piloto Gundam.

 

Es un honor compartir con ustedes una de nuestras producciones originales, de la mano del escritor Cris Montoya e ilustrada por el talentoso Christian Benavides, si desean conocer mas sobre el espectacular trabajo de Christian Benavides mas conocido como Bighand Illustration diríjanse a los siguientes links, créanme no se arrepentirán de nada, un espectáculo visual de la mas alta calidad les espera a tan solo un click.

https://www.facebook.com/BigHandIllustration

https://www.behance.net/BigHandIllustration

 

Escrito por Cris Montoya

CEO Mad Fox Comics

 

Ilustrado por Christian Benavides

Bighand Illustration

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