La manada

01Francia, Compiègne, 1716

Pasada la media noche en una aldea cerca de la región de Compiègne un grupo de aguerridos hombres se prepara para una cacería, los arcos están tensados, las flechas en ristre y las monturas ya descansadas, todos prenden sus antorchas al tiempo que suben a sus caballos; uno de ellos el capataz le ordena al encargado de la perrera que saque todos sus sabuesos       

– ¿todos ellos señor? –Responde el encargado –Si todos ellos, la alimaña tras la que vamos es bastante grande–.

Los siete cazadores esperan en sus monturas mientras el capataz le entrega al encargado de la perrera un raído trozo sucio de tela –dáselo a los perros así captaran mas pronto el rastro de nuestra presa –como diga señor –responde el encargado. – ¿Pero qué clase animal están rastreando? –Nunca dije que fuera un animal, campesino ignorante –contesta con rabia y prepotencia el capataz mientras la saliva escapa de su boca–.

Los perros olfatean el trapo hasta que uno de ellos empieza a ladrar en una dirección y los rastreadores salen corriendo. – ¡Han captado el rastro! prepárense muchachos esta noche será larga –grita el capataz –pero no nos iremos sin atrapar a ese infeliz asesino.

–Parece que se dirigen al bosque señor –dice uno de los hombres del capataz –solo un loco se acercaría a ese lugar, dicen que esta maldito, que el alma del mismísimo lucifer habita en el–.

–Pues prepárate para conocerlo esta misma noche –responde el capataz con una sonrisa en el rostro mientras escupe y sale al galope tras los sabuesos; sus seis subordinados le siguen temerosos.

Estamos en la antesala al bosque de Compiègne, un bosque viejo, con memoria, las siete monturas galopan en medio de la noche por un valle contiguo al bosque. –Los sabuesos ya se han adentrado en él –grita el capataz con todas sus fuerzas para que sus hombres le oigan. Al llegar a la entrada del bosque el capataz desmonta. –Bajen de sus corceles señores, de nada les servirán sus monturas en un lugar como este, es un bosque demasiado denso es imposible maniobrar con un caballo dentro de él ¡apresúrense! Los perros están cerca, no podemos quedarnos atrás. Los seis hombre desmontan con parsimonia, ninguno de ellos quiere entrar en ese lugar que se rumorea maldito hace siglos, uno de ellos se queda atrás mientras saca algo de las alforjas de su caballo, es algo brillante, una vieja cruz de plata que este se pone al cuello; los demás lo miran de manera extraña – ¿y crees que eso te salvara de lo que sea que halla aquí? –Dice uno de ellos al cazador de la cruz; este se guarda la cruz bajo sus ropas depositándola cerca de su pecho.

02

–Es una simple protección, una reliquia familiar si así lo deseas. –Apresúrense manada de inútiles, ¡perderemos a los sabuesos! –Vocifera el capataz ya internado unos cuantos metros dentro del lúgubre bosque–. Todos corren a su señal desapareciendo poco a poco en la oscuridad tejida por las tétricas ramas.

El gélido aire quema sus pulmones, la indemne tierra lacera sus pies, las afiladas ramas lo hacen brotar carmesí, un hombre semidesnudo corre ferozmente, unas sombras rápidas y persistentes se ciernen cada vez mas cerca de su posición, la saliva emana de su boca como unas pasta seca, hace horas no para de correr, de huir para ser mas precisos, sus ropas están tan desgarradas como su esperanza, los perros están sobre el a tan solo unos metros.

– ¡Parece que los sabuesos lo tienen acorralado! –Grita el capataz–. las guardias están ahora en alto, ya pueden regodearse en el sabor de su presa inmóvil e indefensa, una poderosa luz los deslumbra, es la luna llena, han llegado a un claro en medio del bosque, quizás el único punto en que la luz puede tocar la tierra de aquel pútrido lugar; con las armas en alto son testigos de cómo los feroces canes tienen rodeada una sombría figura ya de rodillas en medio de aquel hermoso claro; ya que es en este tipo de situaciones es donde de verdad se puede apreciar la belleza que nos rodea, solo cuando se encuentra un resguardo de paz en medio de la locura, la violencia y la demencia de aquel bosque, solo cuando la luz esta a tu alcance como un fino rayo de esperanza, solo cuando se esta cerca de la muerte se puede llegar a tener este entendimiento del mundo; aquellos siete hombres aun no eran del todo consientes del porque de aquella extraña sensación que cada uno de ellos experimentaba en aquel momento; la momentánea epifanía termina al fin y con pasos lentos pero seguros los cazadores avanzan hacia su presa rodeándola, cuando cada uno de ellos esta en su posición cubriendo cada una de las posibles salidas es que el capataz da tres pasos mas hacia su perdición.

– ¡Remy Benoit! –Grita el capataz. El hombre de rodillas levanta su demacrado rostro ante su interlocutor. –Buscado por la violación y asesinato de quince mujeres nobles de Avignon, quedas bajo la custodia de Claude Renard oséase mi persona, tu cabeza vale bastante vivo o muerto así que te suplico retraer las suplicas por tu vida que están a punto de encontrar acción en tu lengua; de nada servirán es mucho mejor transportar un prisionero muerto a uno vivo y con esperanzas y aun mas cuando me pagaran el doble por entregar tu mísero cuerpo desmembrado–.

Renard saca una afilada daga de su chaqueta, los otros seis hombres levantan sus carabinas hacia el fugitivo, este se percata de todos sus movimientos, lo que antes era un terror incrustado en lo mas profundo de su alma es ahora una increíble sensación de libertad.

–Yo examinaría concienzudamente la posible prevalencia de sus intenciones Monsieur Renard –para cuando Benoit termina de hablar sus gélidos ojos están clavados sobre el capataz y es tanta la perversidad y la malicia en aquellos ojos que los siete hombres se petrifican; escasamente pueden respirar, el pavor los consume, uno a uno salen huyendo en diversas direcciones, pero Renard no, este por ser el mas cercano a Benoit no puede mover un dedo, esta atrapado en su profunda sed de sangre, tanto así que sus pantalones se mojan con el tibio recorrido de su orina cayendo hasta tocar el suelo de aquel hermoso y letal claro donde ya miles han encontrado du destino.

03

Benoit se reincorpora con elegancia y avanza con una demente sonrisa, sus rostros están separados tan solo por dos centímetros pero este extraño hombre olfatea literalmente el asqueroso miedo regado por el cuerpo de su anterior cazador, su sonrisa se transforma en decepción pura a la vez que toma a Renard por el cuello subiéndolo por los aires; sus ojos clavados ahora en la luna llena ignoran por completo que Renard se asfixia por la violenta fortaleza de su apretón. –No eres digno Renard. –la cabeza del capataz cae a los pies de Benoit y un torrente sanguinolento baña su cuerpo pero este ni se inmuta; es este su estado natural, desde el momento en que el entro en ese bosque la presa ya no lo fue mas al igual que el cazador, aquellos hombres nunca ostentaron la mas mínima posibilidad; Benoit rasga sus vestiduras el frio viento de la noche es ahora su única vestimenta, sus músculos se tensan, sus pupilas y su esclerótica se inyectan de una negra tinta hasta que todo su ser se pierde en la oscuridad que lo vio renacer, un infernal aullido sacude el bosque y todo en el, seis hombres ven embargados sus corazones por el terror mientras huyen por sus vidas.

La noche se ve rasgada por la inusitada violencia en los pasos de dos hombres corriendo por sus vidas, una rama se interpone ante los pies de uno de ellos, la ansiedad y el miedo no dejaron que este tuviera en cuenta su actual entorno haciéndolo tropezar y deslizarse por una ladera; con un dolor infernal embargando su cuerpo se levanta temblorosamente, la oscuridad no lo deja ver mas allá de dos metros, un silencio mortal infesta el aire, todo son ramas y piedras, sacando su ballesta esta victima se  mueve paso a paso, respiro a respiro, una rama quebrándose, su brazo izquierdo cayendo sobre el pasto; todo fue muy rápido, morir sin saber el porque de ello, esa fue su recompensa. como un castillo de naipes lentamente se precipita al suelo, el color desaparece de sus ojos, ya todo es percibido como un fino manto a blanco y negro, su ultimo movimiento es dejar caer su cuello hasta mirar su pecho y lo que sale de él; una extremidad musculosa recubierta de un grueso pelaje negro como la noche, atraviesa su torso de un extremo al otro; algunas arterias siguen su curso fuera del pecho del caza recompensas hasta la garra empuñada de la criatura que mantiene prisionero el corazón de tan miserable hombre, hasta hacerlo finalmente estallar frente a sus ojos, una monstruosa garra gotea sangre sobre la tierra desnuda y entre algo parecido al habla humana y un gruñido gutural logramos entender –¡basura! Solo basura–.

– ¿Recuerdan al hombre de la cruz? Si ese mismo que fue la burla de su otro compañero por la posesión de la dichosa parafernalia religiosa; pues ese hombre corre ahora cerca de uno de los linderos del bosque y justo a unos quinientos metros hay una serie de cuevas, minas abandonadas; incontables gritos lo abandonan paso a paso. – ¿Que será de los otros? –Se pregunta – ¿estarán muertos? ¿Quién era ese tipo? Sus ojos, esos malditos ojos nunca vi nada así–. Esta y mil cosas más se arremolinan dentro de él, pero la visión de la entrada a las cuevas paraliza su mente por unos instantes. –No tengo opción –se dice al tiempo que camina hacia una oscuridad aun mas profunda.

La humedad y el olor a azufre vician el aire en interior de las minas, sin ver absolutamente nada, el jinete de la cruz camina lentamente en las tinieblas, se siente observado y su tembloroso cuerpo lo delata; el sonido de las gotas cayendo sobre charcos poco profundos aumenta la inseguridad del jinete a cada paso que da, algo se mueve cerca de el, lo siente en su espina y cada ves esta mas cerca.

– ¡Benoit sé que eres tú, termina ya con esto maldito engendro!–

Las carcajadas hacen eco por la total extensión de las minas, pero la única cosa viva en ellas es el jinete, el temor es solo para él y nadie más. –Como gustes –le dice Benoit moviéndose tranquila y furtivamente entre las sombras. El jinete puede escuchar como una bestia lo olfatea, es Benoit que esta en frente de el, pero su figura ya no es la misma; su mera silueta es ahora el doble de grande que el Benoit que venia custodiado por los caza recompensas – ¿cuál es tu nombre chico?–.

–Alphonse Laurent ¿pero porque un demonio como tu quiere saberlo? además pensé que ibas a destajarme y comerme en estos precisos momentos en esta maldita mina; al fin y al cabo ya cegaste la vida de un sin fin de mujeres inocentes e indefensas. – ¡Termina ya Benoit! O es que acaso te acobardaste en la hora final; ahora que me tienes acorralado y sin nada que hacer desistes y quieres platicar, termina ya demonio y has lo tuyo–.

–Monsieur Laurent creo que me ha malinterpretado si quisiera matarlo ni una silaba hubiera podido escapar de su boca. No debe de creer todo lo que Monsieur Renard decía, no era mas que un ser inferior indigno de tan siquiera pisar este bosque. Pero usted es otra cosa sentí el miedo y el terror en su aroma pero también sentí coraje, valentía, honradez y me permito decirle que de eso no encontré absolutamente nada en la basura que se pudre ahora en el bosque, basura que hace unos minutos eran sus compañeros; así que usted se preguntara porque usted de todos ellos aun sigue vivo y la respuesta es simple Monsieur Laurent. Usted sigue vivo porque yo así lo he permitido–.

–Quieres que te agradezca entonces, como si no fueras a degollarme en un futuro, mátame ahora, no pierdas tu tiempo conmigo esperando suplicas y ruegos maldito monstruo replico Laurent–.

–Monsieur Laurent le pido el favor me deje terminar, también le he dejado vivir por otra razón, para ofrecerle una oportunidad inigualable, única en este mundo, única en este tiempo; así que para terminar debe de saber que tiene dos opciones. La primera y la mejor a mi parecer es que me acompañe a un lugar en lo profundo de este bosque, un lugar sagrado el cual ningún hombre mortal pisa desde hace siglos; allí encontrara sabiduría y salvación. Lamentablemente no puedo ser mas especifico al respecto, eso seria hacer trampa ¿no lo cree?–.

– ¿Y la otra opción cual es demonio? –pregunto Laurent y Benoit le responde sonriendo. –La otra opción Monsieur Laurent es que ahora mismo desaparecería y lo dejaría en paz así usted podría intentar salir de estas minas, de este bosque al que sus compañeros denominaban como maldito. Pero debo advertirle Monsieur Laurent que este bosque es rencoroso y mucho me temo que ya tiene conocimiento de sus malévolas y previas intenciones; en este bosque la vida, nuestra vida es sagrada y esta noche he estado en peligro de muerte al igual que usted, la diferencia es que yo soy un guardián del bosque mientras que sus compañeros eran despojos humanos, muy a diferencia suya si me deja aclarar tal detalle–.

– ¿Estás diciendo que no saldré vivo de aquí, cierto? –Me temo Monsieur Laurent que no puedo detallar más esa información, eso también seria trampa, así que seria de total relevancia que usted decidiera rápido ya que esta oferta que le estoy haciendo no durara mucho–.

Alphonse meditaba con calma que responderle a aquella criatura, no sabia que hacer y aunque estaba consiente de que en sus pensamientos el tiempo corría con lentitud, tenia fija la idea de apresurarse a contestar antes de que la criatura perdiera la paciencia y actuara de manera irracional e impredecible; sin embargo, había algo que lo impulsaba a considerar la primera opción que el monstruo le había planteado; mientras Alphonse pensaba en su respuesta la criatura Benoit caminaba en círculos, lento y apacible alrededor de Alphonse con una curiosidad asesina en sus ojos.

–Y bien Monsieur Laurent, ¿qué ha decidido?–

Alphonse ya sabia que responderle, pero en medio de su búsqueda se encontró con otro interrogante

– ¿Porque Elegí esto?– pensó y pensó…

–He decidido acompañarte engendro–.

Benoit se paralizo, sus ojos se clavaron con explosiva incertidumbre en su interlocutor.              –Aunque no lo crea Monsieur Laurent su respuesta me alegra y me sorprende, pero puedo ¿preguntar porque decidió eso?–.

–Intuición –respondió Laurent –no hubo nada en su voz que me hiciera desconfiar de usted–. Lo que el tacto de Laurent percibe como una garra enorme y pesada se posa sobre su hombro derecho –tal vez no debería de confiar tanto en sus instintos Monsieur Laurent–. Un agudo dolor y el olor de su propia sangre fue lo último que Alphonse percibió antes de caer en un profundo sueño.

04

–Despierte Monsieur Laurent, hemos llegado –la voz de Benoit saca a Alphonse de un denso letargo, la luz invade con dolor sus ojos y poco a poco el sol ilumina ante el una épica escena; dos estatuas gigantes con la forma de hombres descomunales, poseedores de densos y frondosos pelajes, coronados al fin por una cabeza de lobo custodiaban unas abismales puertas de roble enmohecido por los siglos. Alphonse voltio instintivamente buscando a su misterioso compañero; Benoit era un hombre común y corriente de nuevo – ¿dónde estamos Benoit? –Inquirió Alphonse con sus ojos y boca abierta.

–Estamos ante las puertas del génesis Monsieur Laurent, aquí es donde toda la vida en este mundo encontró su origen. –Benoit se adelanta hasta la puertas y las acaricia con sus manos, la madera cruje y por si solas las compuertas se abren. Los dos hombres cruzan el umbral hacia un jardín de todos lo colores existentes, miles de pájaros trinan por los cielos con celestiales canciones; Alphonse no sabe donde mirar, la belleza es tan exultante que se siente intoxicado. –Sabes Benoit justo antes de caer dormido sentí que moría, como si una bestia me hubiera mordido, fue increíblemente real para ser un sueño – ¿quién dice que fue un sueño Monsieur Laurent? o si me permites, ahora que tenemos un poco mas de confianza puedo seguir llamándote Alphonse y tu podrías llamarme Remy.

–Claro, claro Beno… digo Remy, pero a que te refieres con lo de que no fue un sueño                 –Precisamente eso Alphonse porque no lo fue, yo te mordí y desgarre violentamente tu carne de otro modo no podrías pisar este suelo – ¿pero cómo es eso posible? –dijo Alphonse asustado al tiempo que rasgaba su camisa y descubría una enorme cicatriz que abarcaba toda el área de su cuello y su hombro derecho. – ¿Por dios Remy que es esto? ¿Cómo es posible? parece que la tuviera hace años. – ¿Y que con eso? –Replico Remy –ya son siete años desde aquella noche en las minas Alphonse–.

– ¡Eso es una locura! –Grito Alphonse mientras corría hacia un pequeño arroyo que por allí cruzaba; tomo con sus dos manos un poco de la cristalina agua y al ver el reflejo de su rostro la dejo caer sobre el húmedo pasto que sus pies descalzos ahora pisaban, corrió de nuevo, violentamente esta vez hacia Remy y tomándolo por el cuello de su deshilachada camisa le increpo a contestar la siguiente pregunta:

¿Por qué me mientes Remy? Como es posible que hayan pasado siete años si mi rostro luce exactamente igual al de aquella noche en que nos conocimos ¡dime la verdad Remy!

–Alphonse lamento informarte que no fluye por mis venas la carroña de la mentira, la eliminamos de nuestros cuerpos hace eones, si te digo que llevo cargándote por siete años hasta aquí es porque es cierto; y lo de tu rostro es fácil. Alphonse Laurent murió esa noche en las minas, para renacer como un guardián en este mundo, un guardián de la vida, porque eso somos Alphonse–.

–“somos” a que te refieres con “somos” ¿hay mas personas como tu? –Miles de aullidos alrededor de lo profundo del bosque respondieron a la pregunta de Alphonse; cada vez estaban mas cerca. –Prepárate para recibirlos Alphonse – ¿recibir a quien Remy? –dijo Alphonse mientras veía anonadado pero ya sin un ápice de miedo como Benoit se transformaba en una peluda criatura que doblaba su tamaño; la transformación le pareció bárbara y brutal ya que los músculos y huesos de Benoit parecían romperse a medida que este cambiaba. Una criatura musculosa, peluda, con garras y colmillos mortales se erguía ante el profiriendo un gruñido en el cual Alphonse alcanzo a percibir la palabra “familia”.

05

De repente desde todas las direcciones miles de criaturas similares iniciaron su acercamiento hasta los dos visitantes, unas mas aterradoras que las otras; cuando finalmente los rodearon, uno de ellos, uno que parecía bastante viejo aunque vigoroso se acerco hasta quedar cara a cara con Benoit; cuando Alphonse pensó que una lucha bestial iba a dar inicio entre esas dos feroces bestias, el mas viejo abrazo poderosa y calurosamente a Benoit. –Bienvenido –dijo el anciano lobo con una voz perfectamente articulada.

Alphonse no lo creía, cada minuto en esa extraña tierra se encargaba de enseñarle que en realidad nada sabía; decidió mejor cerrar su boca y abrir sus ojos y oídos, era tiempo de ser paciente ante tan abrumador enigma. El lobo anciano voltio hacia Alphonse y lo miro de arriba a abajo como si lo examinara; por si fuera poco se adelanto hasta donde estaba parado y lo olfateo descaradamente, freno entonces su inspección y alargando su pesada garra hacia Alphonse le dijo –Bienvenido hermano–.

–Sé que no lo entiendes ahora Alphonse –explico Remy al tiempo que sonreía mostrando todos sus colmillos –lo que te di fue el regalo de la inmortalidad; te lo di porque lo merecías, porque después de siglos de buscar y buscar sobre sus áridas y pútridas tierras carentes de virtud alguna solo encontré miseria, dolor, malevolencia, envidia y demás maldiciones que aquí por gracia divina no tenemos; solo encontré alguien digno, un hombre con fe, un hombre con miedo si, pero con el valor necesario para sobreponerse a él. un hombre ideal para traer a nuestra familia para que así pudiera guiarnos en esta nueva era a la cual ya no pertenecemos; como te había dicho la vida como la conoces, todo de ella se origino aquí y nosotros cuidamos esa fuente, acepta entonces tu destino Alphonse y conviértete por completo en uno de nosotros–.

Alphonse se había perdido momentáneamente en los profundos ojos negros de Remy, reacciono al fin para extender su mano y darle un firme apretón de manos al viejo lobo que ante el seguía esperando su respuesta. –Bienvenido a la manada Alphonse Laurent –dijeron todos los presentes al unísono.

 

 

Escrito por Cris Montoya

CEO Mad Fox Comics

Ilustrado por Juan Camilo Cadavid

CEO Mad Fox Comics

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